*Soneto rojo



Yo he besado el capullo de tu boca jugosa,
y he bebido en tus besos mieles espirituales,
con toda la liturgia de los viejos misales
y el arrebato que era mi ansiedad voluptuosa.


La caricia divina fue al cabo dolorosa,
que se hicieron incendio los paganos rituales,
y vi en tus ojos claros llamaradas sensuales,
y sentí de tu carne la llamada imperiosa.

Y la onda suprema de un estremecimiento

tremó en el nácar tibio de tu cutis fragante,
y una llama invisible caldeó tu puro aliento.


Y sobre tus espaldas vi enroscado un instante
el látigo, tan negro como un remordimiento,
que restalló en los aires la Lujuria, triunfante!…

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